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ENSAYO
   
 

EL PASADO Y EL PRESENTE

RUSTOM BHARUCHA




Comenzamos con la memoria, y más específicamente, con los dispositivos nemotécnicos y el aprendizaje de procesos que son naturales en la infancia. La Nostalgia debería de enfatizarse; no en referencia a Komalda**, sino al argumento para reflejar las intrincadas ligas entre memoria, folklore e historia oral, que comenzaron con su propio acuerdo para describir los juegos específicos que jugó ese niño. Tal  y como lo escuché, me doy cuenta de cómo casualmente preparó el terreno para las ideas que le siguieron a la trasmisión de cuentos de hadas; orales y litearios; una larga especulación del tiempo, la genealogía y la “memoria cultural”, en la cual las identidades de comunidades específicas tienen sus raíces.

Este capítulo, por mucho, comienza en casa, dentro de las amarras culturales de la propia familia Oswal Jain de Komalda, pero ésta termina con una genealogía oral de las tribus comunitarias en Rajasthan. Como siempre el lapso de las conexiones Komalda, son amplias y socialmente diferentes, aún dentro de los contextos culturales individuales que son respetados y mantenidos dentro de los cambios en los contornos de su memoria.

 

 

Mirando en retrospectiva hacia mi niñez, recuerdo un “juego de memoria” que solía jugar cuando tenía alrededor de cinco o seis años de edad. Para este tiempo ya había empezado a escribir. Alguien de la familia colocaba muchas cosas en la mesa –todo tipo de cosas de la casa, como cajas de cerillos, cartas, utensilios, etc. Después teníamos que buscar esos objetos por unos minutos, éstos podrían estar escondidos debajo de la sábana de una cama o en cualquier lugar, y entonces, tantos objetos como pudiéramos recordar, habían de ser escritos. El primero que recordara la mayor cantidad de objetos ganaba. Mientras recuerdo este juego hoy en día, me doy cuenta de que recordamos mucho mejor los objetos seleccionándolos en diferentes categorías. Así que, por ejemplo, los “chimta” (tenazas), los “Katori” (cacerolas), y los “thali” (platos) los identificaríamos con la “cocina”. Aún hoy, cuando pienso en todos los intrincados juegos de memoria que se continúan jugando en la India, durante los rituales  y los festivales, encontraremos que poco han variado en su construcción alrededor del principio de la categorización de los objetos en sus específicas formas.

 

Solíamos jugar estos juegos de memoria mientras estaba viviendo en el pueblo de Kapasan, antes de que mi familia se moviera a Jodhpur. Aquí en Kapasan recuerdo también haber jugado “gulli danda” –uno de los juegos para niños más populares en India, el cual es jugado de diferentes maneras en todas las diferentes regiones. Al interior del “gulli danda”, diría, hay cálculos intrincados que son hechos con base en qué tan lejos puedes tirar un pedazo de vara -los cálculos son tan rápidos que tienes que medir distancias en fracciones. De hecho, era tan bueno en fracciones y en todo tipo de problemas aritméticos, cuando era un estudiante de la escuela de verano en Jodhpur en mis primeros años.

            Aún recuerdo a Parashuramji, nuestro maestro de aritmética, quién entraba a la clase y pronto comenzaba a escribir preguntas en el pizarrón de manera rápida y con una letra hermosa. Como estudiantes teníamos que trabajar las respuestas de manera mental y escribiéndolas, antes de que Parashuramji borrase la preguntas del pizarrón. Y entonces, él comenzaba el interrogatorio. Mi primo Swantantra, quien tenía mi misma edad, y yo, invariablemente lográbamos las más altas calificaciones, mientras los demás alumnos tenían problemas en clase. El problema era que Parashuramji tenía una peculiar manera de castigar a los demás. Si, por ejemplo, un chico tenía bien sólo 20 sumas correctas de 40 posibles, el maestro esperaba que mi primo y yo, les diésemos 20 bofetadas, una por cada respuesta incorrecta. Naturalmente, nos sentíamos incómodos y un poco asustados, porque algunos de los chicos eran más grandes que nosotros, y podían fácilmente vengarse después de la clase. Así que decidimos golpearlos muy despacio. ¡Pero Parashuramji no entendía, y entonces procedía a golpearnos a nosotros como ejemplo de cómo debíamos de abofetearlos!

            Los números jugaron un importante rol en mi educación infantil, y cuando miró hacia atrás me doy cuenta de que aprendimos las tablas de multiplicar cantándolas al unísono en una sólo nota. Si no les importa, no aprendimos las tablas de multiplicar, como es la costumbre normal de hoy, de la del dos hasta la del doce. Conocimos las tablas desde la del dos hasta la del cien –y no sólo los números primos, sino las fracciones también. Así que podíamos calcular las tablas sobre la base del uno, y uno y cuatro, dos y medio, uno y tres cuartos y así. Teníamos que recitar todas las tablas. Invariablemente, éstas eran dirigidas por un “guruji”, quien se sentaba en el salón de nuestra “poshal” (escuela primaria) y nos hacía aprendernos las tablas de memoria. Mientras las tablas se hacían más complicadas, solíamos explorar diferentes tonos: el del estudiante brillante, y entre más quería impresionar al maestro con su tono más efectivo, más lo usaba y más aceleraba él paso de su propia rendición. Pero el principio básico que a mí me gustaría apuntar aquí es que si tienes que aprender algo de memoria, entonces tienes que cantar el texto. Sólo así éste se registrará muy profundamente en tu memoria.

            Cada cultura tiene diferentes maneras de calcular los números –por ejemplo, nosotros podemos calcular de a cuatro usando el pulgar para contar las divisiones que hay dentro de nuestros cuatro dedos consecutivos- uno dos tres cuatro/cinco seis siete ocho/… así hasta dieciséis. Alguna veces, calculamos con base en el tres –uno dos tres/cuatro cinco seis/siete ocho nueve, y esta manera de contar invariablemente termina en quince. Claro, también contamos a la manera de “occidente” en donde cada número es una unidad independiente –uno, dos, tres, cuatro… y así hasta el diez. Esa es la base. Lo complicado del cálculo depende de la extensión de la base de la unidad de cálculo – ¿Es tres o cuatro o cinco? Antes, cuando dieciséis ‘annas’ correspondían a una rupia, por ejemplo, la mayoría de los cálculos se basaban en el número cuatro como unidad. A veces, mientras se trabajaba con comunidades nómadas, como los Kalbelia, por ejemplo, encontrábamos que la base única de cálculo era el ocho –nunca el nueve o el diez. Y lo más asombroso es que podían calcular hasta miles con base en el número ocho.

            Es extraño cómo recordamos ciertas cosas de nuestra niñez, y al mismo tiempo, olvidamos también muchas de ellas. Por ejemplo, mientras pude cantar algunas de las tablas que aprendí en la escuela, tenía momentos complicados en el ritmo del kínder. De hecho, no puedo recitar “dohas” (pares) que me sabía de memoria cuando tenía alrededor de doce años de edad. Mi amigo Vijay Dan [Detha], por otra parte, puede actualmente hablar y cantar poesía. En algún momento pude haber recitado por horas y horas el final de “Chhand Alankar en Hindú, las reglas de la prosodia y el embellecimiento de la retórica –pude, de hecho, haber identificado los diferentes “Chhand” como “savaiya, muktadam, harigitika”. Hoy, con dificultad, podría recitar una o dos dohas, porque al parecer, mi memoria me ha fallado. Aún con las canciones folclóricas, no me siento capaz de cantarlas libremente porque no las recuerdo. Claro, tan pronto como una canción es cantada, puedo reconocerla; sé cómo va la melodía, el rimo, etc. Lo que he descubierto es que la memoria opera en diferentes maneras, y estas diferencias están ligadas específicamente a los géneros.

 

Recordando historias

Volvamos a las historias en esta relación. Recuerdo en particular una historia que mi tía materna solía contarme cuando era niño. Debió haber habido alrededor de cinco o seis niños alrededor de mí en ese momento, incluyendo mi hermano menor Keshav quien es dieciséis meses menor que yo. Demandábamos que nuestra tía nos contara la historia de Chida-Chidi.1 ¿Y de qué se trata la historia? Tenía que ver con un par de pájaros que cantaban en una cuerda, suspendidos en la polea del pozo de agua. Un día, la cuerda se rompió, y los pájaros se cayeron al pozo. Recuerdo que tal historia tuvo una fuerte impresión en mí como niño –pero, a pesar de todo, algo se quedó impreso en algún lado de mi memoria, pues por largo tiempo no pude recordarla toda. Cuando empecé a trabajar historias del folclore, entonces traté con gran dificultad de recordarla, y de repente, ésta vino a mí vívidamente. En ese momento, me di cuenta que cuando Chida, Chidi cayeron al pozo, no murieron como lo había imaginado de niño, en vez de eso, volaron fuera del pozo, hacia el cielo. Qué alivio sentí en ese momento, porque me di cuenta de que los pájaros estaban vivos.

La pregunta, sin embargo, que necesita una respuesta es el por qué mi tía, quien nos debió haber contado la historia una y otra vez, nunca nos dijo que los pájaros terminaban por escaparse. Como lo veo hoy, diría que, como escuchas, tenemos que darnos cuenta por nosotros mismos que los pájaros tienen la capacidad de escapar. El cuentacuentos, como en el caso de mi tía, no tiene la intención alguna de darnos el significado de la historia. Argumentaría que esto es una pista muy importante para el uso de la memoria. Cuando, de niños, comenzamos a registrar historias, particularmente esas que nos fueron contadas antes de los siete años de edad, descubrimos que no son historias que forman parte del folclore, y que sin embargo es algo que contiene moralidad y un agregado a la historia misma. Las historias que pertenecen al folclore nunca tuvieron el sentido de enseñarnos, que es como hoy en día son usadas. Básicamente, diría que tales historias fueron tomadas para representar una suerte de realización –pero uno debe de estar preparado para “darse cuenta” de las respuestas, no necesariamente cuando escuchas las historias por primera vez, sino en algún punto de tu vida.

Ahora encontramos que a los niños se les enseñan cuentos que contienen una moralidad en sí misma. Claro que esto no era el objetivo práctico de los primeros cuenta-cuentos, tal y como lo experimenté. En nuestros días, a los niños se les cuentan historias, y se espera que ellos se la cuenten a los adultos de nuevo o dentro de su familia durante el desayuno o donde sea. Se les presiona con la idea de evaluar la moralidad enseñada -¿qué hizo el león? ¿Qué hizo el conejo? ¿Qué pasó al final de la historia? Y si los niños aciertan las preguntas, nos sentimos complacidos de que algo ha sido aprendido. El contar un cuento hoy, tiene una función moral, la cual no era una práctica común en los viejos tiempos.

Una de las razones de esto, es que los cuentos que escuchamos en nuestra niñez no fueron necesariamente compartidos con nadie más. Así que, mientras recuerdo escuchar el cuento de Chida-Chidi, contado por mi tía, no tengo ninguna remembranza de haberlo compartido con nadie más. En otras palabras, no me convertí en un archivero que lo guarda de manera particular –sólo sé que está en mi memoria profunda como un recuerdo y ahí quedará por años, que nunca fue compartido hasta hoy, que tengo la necesidad de recordarlo para ejemplificar mi tesis, o usarlo como una reminiscencia en años recientes en los que he estado con diferente personas en diferentes foros. Ahora que me he convertido en un portador del cuento, me doy cuenta de que hay cierto “formato” en el hecho de contar la historia para niños. Invariablemente, las historias son contadas por cuenta-cuentos, pero nunca son contadas de niño a niño. Esta es la razón por la que, como niños, nunca sentimos la necesidad de contar historias más allá de la necesidad de escucharlas.

 

Modalidades del recuerdo

El origen de los cuentos es misterioso, pero no desconocido. Cuando empezamos a registrar los cuentos folclóricos de Borunda, comenzamos preguntarle a la gente si ellos recordaban historias de su niñez. Y, casi indefectiblemente, la respuesta fue un “enfático” no. Sin embargo, persistimos en seguir preguntando, algunas veces por más de una mes, cuando se iban a dormir, ¿alguien les debió de haber contado alguna historia?, mucha gente recordó haber sido golpeado por hacer tal requerimiento y haber recibido respuestas como: ¡Ve a dormir! Pero entonces, gradualmente, las historias fueron emergiendo.

            Tomo a mi hermano mayor como ejemplo, quien vino a visitarme a Jodhpur por unos pocos días antes de que muriera a los setenta y tres años. Recuerdo preguntarle si recordaba algunas historias de cuando era niño. Al principio me dijo: ‘Nadie solía contar historias en la familia’. Así que lo próximos tres o cuatro días, cuando lo vi en el desayuno o la cena, le repetí la pregunta. Finalmente, una mañana me dijo que recordaba algo, pero que era sólo la línea de una historia de un cuento que a no tenía en la memoria con precisión. Entonces le pregunté: ¿Puedes acordarte de quién te la contó? Vagamente recordó el nombre de Heera Bai, quien trabajaba con él como sirviente en la familia; me dijo que ella le había contado una historia. Más adelante le pregunté: ¿Recuerdas quién más, de la familia, estaba ese día el Heera te contó el cuento? Mi hermano se acordó de que dos de nuestras hermanas estaban ahí: Deep Kunwar y Tej Kunwar –Heera Bai les contó el cuento a los tres, cuando estaban acurrucados bajo sus ‘rajais’ (cobijas) en una noche de invierno. Recuerdas, le pregunté, ¿dónde vivíamos en aquél tiempo? ‘Parbatsar’ recalcó. Y seguro, como mi madre me lo confirmó, mi hermano debió de haber andado alrededor de los cinco años de edad cuando la familia vivía en Parbatsar, y Deep Kunwar y Tej Kunwar ya habían nacido para ese momento. Mi madre también recordó a Heera Bai, una viuda que pertenecía a la comunidad de Sadh quien debió haber andado alrededor de los treinta y cinco o cuarenta años.

            Ahora, si tomamos en cuenta todos estos hechos, no es difícil confirmar la edad de la historia en cuestión. Si un hombre de 73 años de edad está recordando una historia que le fue contada cuando tenía cinco años, y la mujer que se lo contó tenía alrededor de 35 a 40 años, entonces, históricamente, este cuento tiene alrededor de cien años de antigüedad. Escuché, también, esta historia durante mi propia niñez, y se continúa escuchando en innumerables versiones, en prácticamente toda Rajasthan, desde Alwar hasta Udaipur o Banswara. El cuento continúa vivo.

            Si me pidiesen que les contase la historia ahora mismo, no podría contar sino nada más que una serie de hechos fallidos. Hay este niño que quiere ver a su “nani” (abuela materna). En el camino a su casa, conoció a un león, a un lobo,  y un perro que se lo querían comer. Cada vez, el niño dice: ‘Estoy muy enjuto y flaco. Déjenme ir a la casa de mi “nani” donde me engordaré alimentándome mucho y así, cuando regrese, tendrán más carne para comer’. Cuando regresa, sin embargo, se las ingenia para regresar envuelto en un tambor que lo protege de regreso a casa. Chal meri dholki dhamak-a-dham –esta es la línea central de la historia que mi hermano mayor recordó del cuento olvidado que le fue contado por Heera Bai.

            Es extraño, ahora, cómo, aún que me hayan preguntado por el cuento ahora mismo, esta línea actúa como una pista para la memoria –los detales de la historia no los puedo contar, pero la sustancia, la idea central de ésta sí el recuerdo. Lo que hemos descubierto en nuestra investigación sobre las historias no es sólo que la gente “recuerda” al menos una historia, aún después de declarar que no recuerdan nada; también hemos encontrado que la mayoría de las historias contadas a los niños a muy temprana edad versan sobre animales. Las historias religiosas y míticas como el Ramayana y el Mahabharata siguen tal tradición.

            Si, como hemos mencionado anteriormente, los niños no son los portadores de los cuentos, entonces, ¿cómo las historias se han mantenido en la tradición oral? Casi en cualquier contexto de la sociedad en Rajasthani, hemos encontrado como resultado de nuestra investigación que no es necesaria la madre como contadora de cuentos, aún la abuela no es una portadora de cuentos tampoco, como frecuentemente se cree, especialmente si los esposos siguen vivos. La mayoría del tiempo la investigación ha arrojado como resultado que son las viudas las portadoras de los cuentos, así como también los trabajadores domésticos quienes son claves en la reproducción de tales historias. Son estas viudas quienes bañaron a los niños, los enviaron a la escuela  y realizaron toda clase de trabajos dentro de la familia a la que servían; fueron ellos quienes limpiaron la cocina, lavaron los trastes y les contaron a los niños las historias cuando éstos se iban a la cama. Una vez que pudimos identificar a las viudas como portadoras de las historias, nuestra metodología para registrar los cuentos se nos facilitó. Sólo tuvimos que identificar a las viudas en los pueblos donde vivían y les pedíamos que nos contasen las historias para agregarlas a nuestros registros.

            No desestimaría el rol de la memoria en la tarea de contar historias –y recontarlas. En un primer nivel, si me tuviese que ser un buen ponente y tuviese cierto dominio sobre el lenguaje y la forma de la historia que estoy narrando, quizá pudiese recordarla de manera más efectiva. Como lo dije anteriormente, no tengo la capacidad de recordar. Pero esto también me hace pensar qué tan importante es olvidar. Si no tuviésemos la capacidad de olvidar, nuestra vida podría ser muy compleja. Claro, hay muchas cosas relacionadas con la familia, todo tipo de tensiones sociales, las cuales deben ser olvidadas. Además, este grupo de problemas haría muy difícil la vida para nosotros. Así que, en cualquier sociedad, necesitamos preguntarnos cuáles cosas deben ser retenidas en nuestra memoria, y cuáles deben ser simplemente dejadas a un lado. ¿Cuáles son o cómo se dan estos procesos de olvidar y recordar? Aquí, la realidad es que estoy hablando sobre memoria, usando la memoria, y al mismo tiempo, mi memoria se está borrando.

 

Escuchando cómo Komalda reconoce que su memoria está desmejorando, aún cuando proyectó que tal cosa sucedería, es el leitmotiv que dirige este libro. No importa si uno quiere lidiar con una historia para niños como ‘Chida-Chidi’ o una historia épica oral como ‘Pabuji’***, la memoria recae en el núcleo de cualquier narrativa. Sin embargo, hay diferentes modalidades, estructuras y formas de recordar, las cuales se vuelven evidentes sólo cuando lidiamos con las canciones de mujeres. Aquí, notaremos como una canción nunca puede ser cantada de la misma forma dos veces, aunque sea cantada por la misma mujer. Mucho más misterioso, es el hecho de que la misma canción puede ser cantada colectivamente por todas las mujeres, y aún así, esa canción nunca puede ser escuchada de la misma forma. ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo se recuerda una canción de la cual no se es consciente porque no forma parte de nuestra memoria? Estos son algunos de los enigmas del folclore.

                  Me gustaría regresar ahora a una pequeña pista que Komalda reconoce mientras recuerda el “juego de la memoria” que solía jugar cuando era un niño en Kapasan: el hecho de que podía escribir en ese tiempo. Entonces, ¿cómo la memoria es afectada por el acto de la escritura? Esto nos lleva a una prueba del tiempo, no resuelta aún de esta relación (contar-escribir) en un encuentro directo con los músicos tradicionales.

 

 

Oralidad y alfabetismo

            En 1950, solía transcribir canciones dictadas por unos pocos músicos Langa que vivían y trabajaban en el área de Jodhpur. Todos ellos eran analfabetos. Más tarde pensamos que si pudiesen tomar clases para adultos, podrían, entonces, leer y escribir y esto nos facilitaría reunir las canciones escritas por ellos. Pero no sucedió así. Nos dimos cuenta de que cuando Lakha, uno de los músicos directores aprendió cómo leer y escribir, necesitaba consultar su diario antes de poder cantar cualquier canción. Hasta hoy, Lakha continúa haciéndolo, pero el resto de los cantantes, quienes continúan siendo analfabetos, no tienen la necesidad de tocar el libro de registro de canciones y pueden interpretar cientos de ellas.

            Así que el alfabetismo aumenta la complejidad de las cuestiones relacionadas con la memoria. Por otro lado, uno puede recurrir a la palabra escrita cuando la memoria falla, pero en los contextos donde la palabra escrita no está disponible, entonces, el cerebro por sí mismo desarrolla la capacidad de memorizar –no hay otra opción. Lo que encontramos, es que cuando los músicos folclóricos se vuelven alfabetos, el texto de sus canciones disminuye –se encoge y escoge en relación con su medida original. Es más, a través de actuaciones frecuentes de la misma canción hay un nuevo aprendizaje de memoria. Desde otra perspectiva, las mujeres Kalbelia normanda quienes son analfabetas pueden cantar canciones de hasta cuarenta o cincuenta líneas y la canción mantiene su fluidez.         

            El problema más grave del que estamos hablando es la diferencia entre la palabra oral y la escrita. Aún hoy, en algunas áreas rurales, escribir es frecuentemente reconocido como un tipo de magia. Después de todo, ¿cómo es que uno puede dar por hecho que 20 personas mirando garabatos negros en la página pueden leer lo mismo? Irónicamente, aún cuando tratamos de involucrar a los pobladores dentro de los movimientos de la educación de adultos, continuamos confrontándolos con sus miedos –‘si no sabes cómo leer, alguien puede engañarte y quitarte tus tierras o tu propiedad, deberías saber qué estás cantando, y así. ¿No es esta la manera en que promovemos las campañas de alfabetización? Hoy, el sólo acto de cantar cualquier cosa continúa siendo una fuente de miedo para la mayoría de los pobladores nuevos que han logrado ser alfabetizados.

            ¿Cómo es que tal situación se ha dado por tanto tiempo? La verdad es que la gente de casta baja ha sido predispuesta a resistirse a ser alfabetizada dentro de nuestra sociedad. Tradicionalmente, ha habido dos sectores en la sociedad Hindú que han perseguido el alfabetismo –lo comunidad Brahmán, con toda su religión y sus prácticas astrológicas, la lectura de almanaques y demás: y las comunidades de trato, para la cual sus prioridades son más utilitarias, conectadas con las actividades del día a día de comprar y  vender, el cálculo del costo de trasportación de granos, etc. Diferente del alfabetismo y del aprendizaje de la tradición del Sánscrito, ambas oral y escrita, éstos fueron monopolizados por los Brahmanes, de tradición Bania, la cual es conocida como Katantra, y que es predominantemente hablado y funcional y no tiene nada que ver con el Sánscrito aprendido. 

            En Rajasthan hay una historia muy popular que destaca las ventajas materiales del alfabetismo en el comercio entre las comunidades. Un campesino va con un comerciante en Bania de quien quiere conseguir un préstamo. El lápiz que cuelga de la oreja del comerciante Baniano se cae –ahí es donde normalmente éste sostiene el lápiz. El campesino recoge el lápiz y se lo devuelve al Baniano diciendo: ‘toma, aquí está tu “chhuri” (cuchillo)’. ¿Por qué chhuri?, le pregunta el Baniano, si es sólo un lápiz’. Entonces el campesino dice: ‘Ap Ki chhuri hi mere gale pe phiri the’ (Tu cuchillo ha cortado mi garganta).

            Recordando, diría que con el incremento del alfabetismo, nuevos sistemas de soporte han emergido para facilitar la memoria oral de las tradiciones en el folclore. Hay muchas cosas que no podemos recordar, sin embargo, todo lo que tenemos que hacer es consultar un libro o ir a la biblioteca, o lo que nos sucede recientemente, navegar por la Internet. En este sentido, pienso que es importante mantener en mente que el folclore siempre es contemporáneo, aún cuando éste tenga que lidiar con la cultura y  la comunidad quienes continúan viviendo afuera de la modernidad. Si el pasado tiene un significado dentro de la sociedad, ésta sobrevive, de otra manera, la sociedad desaparece, esto no es muy diferente de una onda en el lago, la cual tarde que temprano se rompe.

 

Obviamente hay más por decir sobre la oralidad y el alfabetismo que lo que se ha dicho en este fragmento. A.K. Ramanujan, por ejemplo, en su clásico ensayo ¿Quién necesita del folclore?, llama nuestra atención a la “interpretación” de la oralidad y el alfabetismo, y no por su “oposición”2, enfatizando que lo ‘clásico, lo escrito y lo establecido’ no están necesariamente unidos. Ramanujan provee numerosos ejemplos de una serie de asociaciones que demuestran que la tradición folclórica es necesariamente oral y fluida. Los Vedas, por su parte, están establecidos, pero no fueron escritos hasta doscientos años después, dejando atrás siglos de trasmisión oral –una trasmisión que testifica el fenómeno del alfabetismo oral, como Narayana Rao ha denominado.3

                  Por su parte, los cuentos folclóricos trasmitidos oralmente con numerosas variaciones pueden haber establecido motivos incrustados en sus estructuras, a diferencia de los refranes en las canciones folclóricas, las cuales nunca cambiaron. Estos motivos establecidos pudieron haberse ligado a versiones escritas de los cuentos, lo cual puede haber precipitado su interpretación oral en primer lugar. Así que es engañoso asumir que la tradición oral necesariamente precede a una escrita, porque su relación es más volátil y multivalente. Claro, “géneros diferentes”, de acuerdo a Ramanujan, contienen “diferentes proporciones” en las cuales se sostiene lo “establecido” en cualquier interpretación oral –el orden de las palabras y las frases, en los proverbios, por ejemplo, ésta está dispuesta y repetida palabra por palabra. En una broma, sin embargo, casi todo puede ser improvisado aparte de la frase clave.4

                  …Para la mayoría de las partes, sin embargo, Komalda no aborda específicamente un lugar, ni un texto escrito en el curso de sus reflexiones en la oralidad para problematizar sus caprichos. En vez de los textos, Komalda aborda contextos largos de tiempo y genealogía dentro del cual expresiones de la memoria serían insignificantes.

 

Tiempo

En las áreas rurales de Rajasthan, cuando le preguntas a alguien, ¿qué edad tienes?, no se puede esperar una respuesta clara. Lo que conseguirás es algo así como tal y tal “kal”, o más preciso, mi edad es un año de sequía, y tenía tres años, diez años, etc. Chhapanna, Chhabbisa, Behtara: estos son marcadores de tiempo muy bien conocidos en particular por las hambrunas. Así que la gente hablará sobre su edad sólo desde el punto de vista de estas hambrunas agudas. Esta es la manera de medir el pasado.

            En la vida cotidiana, encontramos que la mayoría de la gente puede regresar hasta tres generaciones en sus árboles genealógicos: padre, abuelo, bisabuelo. Más allá, una persona generalmente, no conoce nada de su pasado. Claro, si se hace el intento, siempre hay fuentes que pueden verificar el pasado de las personas más allá de tales generaciones. Qué pasa si mientras una personas puede conocer las actividades de su padre íntimamente, y las de su abuelo un poco menos, lo lógico es que pocas serán las cosas que conocerá de la vida de su bisabuelo tanto como lo que alcanzaron a escuchar sus oídos.

            Permítanme contarles una historia a este respecto sobre mi familia, la cual escuché de mi abuela cuando era un niño. Mi bisabuelo era un Diwan del estado de Ratlam. En este estado, había un rey quien era viejo y tenía dos hijos –el hijo mayor quien era su heredero legítimo y el más joven. Mi abuelo conspiró con el hijo menor para conseguir que su hermano mayor fuese enviado a un lugar distante, durante este tiempo el hijo menor envenenó a su padre, capturó el fuerte de Ratlam, y se declaró a sí mismo como rey. Es ahora el periodo británico donde no es posible decir ‘El Rey está muerto’. En vez de, el rey está muerto, y ahora el reino tendrá que revertir al emperador, quien en respuesta, nombrará un representante político para estar al pendiente del reino. Tal fue el caso de todos los principados como Ratlam. Aquí también, el hijo menor no pudo ser reconocido inmediatamente como rey, no era un proceso automático. Para facilitar su nombramiento, mi abuelo jugó un rol político crítico, y de una manera u otra, quizá trayendo oficiales británicos, manejó la situación para conseguir que el hijo menor fuese declarado rey. Cuando el hermano mayor había sido acogido en Jaipur, donde otra parte de la familia se había desarrollado, ya mi abuelo se había convertido en el Diwan del nuevo rey en Ratlam.

            Hoy, puedo ver este episodio del pasado sólo en el amplio contexto de una conspiración. Pero para mi abuela, no fue así. Por el contrario, tuvo que considerar profundamente la inteligencia de mi bisabuelo y los detalles por los cuales él manejó el golpe de estado tan efectivamente. Aún recuerdo un detalle –una puerta con seguro, la cual podría haber prevenido que el viejo rey fuese asesinado- para la cual mi abuelo tenía un elefante dispuesto para que la derribara. Muchos de tales detalles tan sensacionales fueron parte de la historia que escuché de mi abuela. Más tarde, aparece, después de convertirse en Diwan del nuevo rey, mi bisabuelo quien fue acusado de malversación de fondos. Esto debió haber sido alrededor de 1880. Fue puesto en prisión por ochenta años, durante los cuales su caso fue llevado por la Consejo Privado de Londres. Mi abuelo ganó el caso y recibió una enorme compensación monetaria, un Rs Lakh por cada año que estuvo en prisión, lo cual fue una gran fortuna para ese tiempo. Así es como la historia llegó a mí después de tres generaciones.

            Examinaremos una historia diferente ahora, que involucra a la comunidad de la casta baja. Esta historia es sobre un muchacho de la casta baja Bhanbhi, en la villa de Borunda, mirándola en retrospectiva tres generaciones atrás, a su bisabuelo, quien trabajaba como un “kasid” (cartero) ahí mismo. Cada día, este hombre iba a Jaitaran, que estás más o menos a 21 millas de Borunda. Se levantaba temprano por la mañana, caminaba esas 21 millas, recogía el “dak” (correo), y regresaba por la tarde. Hizo esto por 20 años sin paga alguna. Todas las familias Bhambhi esperaban que al menos un miembro de la familia sirviera al “jagirdar” (señor feudal), permitiendo así que otros miembros de la familia fuesen libres para ganarse su modo de vida. De esta manera los servicios de los bisabuelos Bhambhi habían sido contratados por el jagirdar. Naturalmente, éramos empáticos cuando escuchábamos esta historia –veinte años de trabajo, y sin paga. Fueron estos, tiempos difíciles. Pero, escuchándonos hablar de esta manera, el niño se enojó: ¿De qué están hablando? ¿No ven que mi abuelo tenía que caminar cuarenta y dos largas millas cada día? ¿No se dan cuenta de cuán fuerte era? ¿Por qué, entonces, están hablando de dinero?

            Escuchando estas preguntas, quedé petrificado de nuevo al pensar que hay más de una manera de mirar las cosas. ¿Cómo concilias elementos del pasado, y dónde los pones? ¿Desde qué contexto los analizas? ¿Cuáles son los marcos de referencia?

 

Genealogía

Esta es ahora una mera recolección individual del pasado. ¿Qué pasa cuando tienes que lidiar con grupos diversos y sus modos de recordar el pasado? Tomamos a los genealogistas de los grupos musicales como los Langas, Manganiyars, y las castas programadas. Estos genealogistas pueden fácilmente recordar el pasado de cuatro hasta ocho generaciones que tuvieron cuatro hijos: desde el hijo mayor, la familia emergió; hasta el hijo menor, otra rama genealógica de la familia creció y así continuó. La mayoría de la gente piensa que los Lnagas y los Manganiyars sobreviven sólo como cantantes de canciones folclóricas, pero lo que no saben es que estos músicos tradicionales también se ganaron su modo de vida manteniendo la genealogía de sus patrones (jajmans).

            Claro, el registro genealógico de los Langas y los Manganiyars, el cual es enteramente oral, frecuentemente está considerado como definitivo. En decisiones controversiales tales como el hecho de que si sí o no, dos sub-castas pueden casarse consideramos que sus fuentes son finalmente basadas en los registros de los Langas y los Manganiyars. Otra manera en que los Manganiyars preservaron la genealogía de sus patrones es en la forma de panegíricos llamados Shubhraj, en los cuales el bienestar de “jajman” de la familia asegura a través de referencias poéticas, a todos los miembros ancestrales. Esto es otra manera de recordar las historias de las familias a través de las generaciones.

            Aparte de la tradición de los músicos, hay otro tipo de genealogistas –los Bhat- quienes mantuvieron un registro de todos los nacimientos a través de la línea femenina de las familias. Actualmente hay dos tipos de Bhat –los Mukhbancha Bhat, en quiere recae enteramente la memoria en forma de recitación oral, y los Pothibancha Bhat, quienes han, meticulosamente, escrito los registros. Ambos bhats visitan los hogares en un promedio de una vez cada tres años, generalmente en ocasiones como el matrimonio, los nacimientos o cualquier festival. Por el contrario, los ‘panda’ (sacerdotes) quienes también han mantenido registros, pero de las muertes de los miembros de las familias, tanto del género masculino, como del femenino, son generalmente consultados en lugares sagrados como el Hardwar, donde la gente realiza las ceremonias de los entierros, la inmersión de cenizas y otros rituales relacionados con la muerte. En tales lugares, las dos preguntas esenciales que son cuestionadas a cualquier “yatri” (peregrino) son: ¿Kis gaon ke ho? ¿Apka jat kya hai? (¿De dónde eres?, y ¿a cuál casta perteneces? Lo que es sorprendente de este sistema genealógico es qué tan rápido se recupera la información. Así que esto tiene que ser estudiado adecuadamente. Mientras que los registros escritos de los pandas (sacerdotes) en letra Davanagari pueden ir hasta veinte generaciones atrás; los de los Pothibancha Bahts son también escritos, pero ellos usaron una escritura inventada por sí mismo para realizar sus registros que es imposible ser leída por otros.

            ¿Cómo la genealogía afecta las formas en que la gente se apropia de su propia familia? Mi bisabuelo fue Jawahar Chand. Tuvo un hijo llamado Khuman Singh. Khuman Singh, a la vez, tuvo dos hijos –Dulah Singh y Berisal Singh. Dulah tuvo cuatro y Berisal ocho. Ahora, todos los miembros de la familia se identifican con el sufijo “ot” que significa ‘hijo de’. Así que yo soy Berisalot, porque mi padre fue hijo de Berisal, que fue hijo de Khuman, nosotros (yo y mis siete hermanos) también nos podemos identificar con Khumanot. Por otra parte, mi primo Daulat Singh, que fue hijo de Dulah Singh, puede ser llamado Dault Singh Dulahot, ya que su padre fue Dulah Singh, que fue hijo de Khuman Singh, él también puede ser nombrado como Khumanot, justo como yo y mis hermanos. Así que, se puede ver cómo en diferentes niveles los nombres genealógicos están separados, sólo para reencontrarse de nuevo.

            Otro aspecto vital de los nombres separados de la genealogía es el concerniente a la relación de esposo y la esposa. Yo, como un Oswal –esto puede considerarse como mi “jat” (casta)- pero mi sub-casta (sakh) es Dugar. Kothari es sólo un título –originalmente, éste se refiere a la gente que se ocupaba de la tiendas que vendían armas (kothar). El punto es que, sólo puedo casarme dentro de la casta de los Oswal, y no me puedo casar con una Dugar. Igualmente, la sub-casta de mi esposa es Bordia, mis hijos no se puede casarse ni dentro de la sub-casta Dugar, ni de la sub-casta Bordia. Igualmente, ya que mi madre era Kankaria Bhandari, ninguno de mis hijos se puede casar dentro de este grupo. Ni siquiera puedo ir más allá de mi bisabuela quien fue del grupo de la sub-casta de los Mohnot Mehta. Así que hasta ahora, nadie de mi familia se puede casar dentro de ninguno de estos grupos.

            Todas estas reglas fueron creadas por una simple razón, que es delimitar las áreas de incesto, ya que no se podía evitar de otra manera. En grupos diferentes nos encontramos, a la vez, con otras reglas para evitar el incesto. Una vez que conoces las reglas que aplican para tu familia, entonces es posible determinar con cuáles familias te puede casar, y con cuáles está prohibido. De esta manera, genealogías enteras de familias han sido determinadas por siglos.

 

La historia de Punia

            También hay genealogías orales pertenecientes a las castas bajas y a las comunidades tribales. Pero la recitación de su pasado dibuja primeramente, referencias míticas. Por ejemplo, hablarán sobre cómo el Sol y la Luna nacieron, cómo el mar emergió, cómo la agricultura se creó. La recitación de las genealogías Bhil y del Garasia, por otro lado, suenan como Puranas. Las Puranas están divididas en cinco –sarg, pratisarg, kalpa, manvantara y pralaya5. Sólo es en la división de los manvantara que el ser humano existe; que es también el punto donde la genealogía comienza. Las más tempranas, las partes del ciclo de la vida lidian con la evolución de la naturaleza.

            Significativamente, la mayoría de las genealogías de las castas bajas, quienes también funcionaron como Mukhbancha Bhats, son comunidades acróbatas, tales como las de Nat, los Rajnat y los Badi. Estos acróbatas recitaban las genealogías de las comunidades de la clase baja como los Meghwals, quienes son asociados con el trabajo de las pieles y sus varias ocupaciones. Mientras que los Badis aparecen en la parte oeste de la zona desértica, los Nats funcionan en otras partes del estado, aunque como los grupos itinerantes “kathputli” (titereros), quienes son conocidos como Balaion ke Nat, en el área de Nagaur, de donde se originan. Sin embargo, no es así como los titiriteros se identifican a sí mismos en otras partes de Rajasthan y el resto de India, donde se presentaban como Bhats.

            Lo que es importante destacar, es que lo que soporta la genealogía quizá sea algo más fuerte en los grupos de las castas bajas, que en las castas altas. Por ejemplo, si un Bhats tenía que entrar a la casa de un intocable, digo, al hogar de un Bhambhi, y hay una cuna en el hogar, el infante que está dentro será comido por el Bhat. Los Bhats cargan grandes sumas de dinero a las castas bajas por mantener su genealogía, y sus pobres patrones no tienen otra opción que pagar a través de sus narices. La ironía, claro está, es que los Bhats mismos pertenecen a la casta baja. Sin embargo, como es bien conocido, aún entre las castas bajas, hay una jerarquía.

            Así, por ejemplo, entre manipular la osamenta de un animal, despellejarla, teñirla, y hacer un zapato de su piel, hay niveles de respetabilidad. Los “mochi” (zapateros) tendrían un estatus más alto que los “rangai”, quien es el responsable de teñir la piel, etc. A veces, hay contradicciones dentro de la jerarquía de las castas. Desde una perspectiva de la casta alta, el “dhobi” (lavandero), por ejemplo, no es considerado un intocable, pero para los intocables mismos, él es un intocable. Igualmente, hay jerarquías entre las castas bajas como aquellos que proveen la genealogía de alguien.

            Cuando escuchamos estas genealogías, estamos forzados a confrontar el hecho de que la gente de la casta baja en la India ha sido negada de sus derechos humanos básicos por siglos. Si comparamos su situación con lo que vemos en los grandes mitos Hindúes del país, ¿podemos esperar que la gente de las castas bajas sobrevivan a ellos mismos –en los mitos del ‘savarna’, de las clases altas? Sabemos que ninguna sociedad puede sobrevivir sin sus mitos. Claro, me extendería diciendo que ninguna casta puede ser completamente conocida sin su genealogía. Así que, ¿cuáles son los mitos de las comunidades de las clases bajas? ¿Dónde podemos encontrar estos mitos? Diría que sólo los encontraríamos en la genealogía registrada de los Mukhbancha Bhats que traen con ellos las historias de sus orígenes, lo cual nos permite entender cómo han sobrevivido como grupo y de dónde se ha derivado su fuerza.

            En este punto, permítanme compartir una historia con ustedes que les dará una idea más concreta de la genealogía oral de los grupos de las castas bajas6. Muchos años atrás, en uno de mis viajes de campo, mis colegas y yo estábamos pasando a través de Pipalia, un pueblo cerca de Chhoti Sadari en Mewar. Pienso que debimos de haber llegado alrededor de las 8:30 de la mañana a este pueblo donde vimos de 400 a 500 personas sentada en un lugar escuchando a dos genealogistas, Mukhbancha Bahts, quienes estaban recitando una intrincada historia con patrones rítmicos de golpeteo en el “dhol” (tambor) con los palos, en ambos lados. Notamos que tales Bhats habían arreglado muchas de las cosas alrededor de ellos para realizar una actuación acrobática –cuerda y estructuras de bambú y postes. Pero cuando llegamos, sólo estaban recitando la genealogía particular de una comunidad llamada los Raut, tal como nos dimos cuenta y lo supimos cuando escuchamos la narrativa. Los trucos acrobáticos seguirían después de que el registro genealógico fuese completado.

            Durante la narrativa, hubo un número de historias contadas relacionadas con los ancestros de la comunidad Raut. Una de las historias fue particularmente interesante. Esta hablaba de un hombre llamando Punia. Antes de su tiempo, y antes de que la agricultura fuese practicada. En su propio registro genealógico, Punia decidió plantar algo de “makka” (maíz). Lo que aprendió de hacer esto, y uno nunca sabe qué es lo que se aprende o se aprenderá, es que él sembró el maíz y éste se dio bien. Finalmente, cuando el plantío estuvo listo, Punia estuvo preparándose para la cosecha, el Sol y la Luna llegaron. Ambos Dioses le dijeron a Punia, ‘sin nosotros, ¿podrías haber hecho crecer tu cultivo?’. Él les contestó, ‘No, no hubiese sido imposible. Y es porque de los rayos del sol obtengo la luz, y porque de la luna es que mis cultivos pueden dormir en el frío de la noche. Así que sin su ayuda, no podría haber hecho nada.’ Entonces, los Dioses dijeron: ‘¿Por qué no nos das nuestra parte?’ A lo que Punia contestó: ‘Ciertamente, no sólo lo compartiré, sino que todo lo que obtuve, pueden tomarlo’ Prontamente el Sol y la Luna se movieron a los campos, sin embargo no tenían idea de cómo era una planta, pues no habían visto en su vida a una planta crecer. El “makka” (maíz) crece en la caña de la planta, mientras que en la parte más alta crecen algunos zarcillos de flores, los cuales se ven hermosos. El sol y la Luna decidieron tomar sólo la parte más alta de la planta y dejar el resto a Punia. Inevitablemente, la parte más alta no contenía nada valioso, mientras que en el tallo de la planta crecía el maíz listo para la cosecha.

El próximo año, Punia decidió plantar otro cultivo. Y esta vez decidió plantar “jawar” (sorgo). Aró el campo, plantó las semillas, y otra vez, el cultivo se dio de manera maravillosa. Una vez más, cuando fue tiempo de la cosecha, el Sol y la Luna llegaron, y repitieron lo que le habían dicho el año anterior: ‘Sin nosotros, ¿podrías haber hecho crecer tu cultivo?’ Punia contestó: ‘Tomen lo que quieran.’ Ya que la última vez, ellos habían tomado la parte alta de la planta, la cual había resultado inútil, esta vez los dioses decidieron tomar la parte baja. Punia accedió. El sorgo crece en la parte alta, por lo que Punia resultó de nuevo beneficiado, porque la parte rica de la cosecha estaba, esta vez, en la parte alta de la planta y no en el tallo; mientras que los dioses se fueron sin nada más que paja.

Ahora, después de que tal historia fue contada, uno de los Mukhbancha Bhats lanzó un pregunta abierta a los cientos de personas que estaban sentadas frente a él: han escuchado la historia, ¿qué piensan sobre ella? ¿Pueden identificar al Sol y a la Luna? Y las cuatrocientas o quinientas personas, casi al unísono, gritaron: ‘Chandravanshi, Suryavanshi’. Ahora, estos son los nombres de los señores feudales de la comunidad de Rajput7. De esta respuesta, observé claramente cómo los registros genealógicos contienen información no sólo sobre cómo una comunidad en particular se ve a sí misma, sino cómo ve a otras comunidades, particularmente las secciones dominantes de la sociedad. Esta cuenta genealógica en particular no es meramente un registro, es también una sátira de la explotación de las castas altas, quienes son ignorantes de las necesidades más básicas de la vida. Y aún así, continúan negándole a la gente sus medios de sustento.

Otra historia narrada por los Bhats implica la construcción de un templo para la diosa madre de la comunidad Raut. El templo fue construido, todo iba bien durante la construcción, éste estaba siendo bellamente edificado, pero hubo un problema leve. En cada templo hay un “kalash” (pináculo redondeado) que es puesto en la parte más alta de la “shikhar” (torre o domo). Pero, el kalash de su particular templo fue hecho de oro, y era muy pesado. Muchos hombres trataron de levantarlo, pero fallaron en hacerlo. Finalmente, los ancianos de la comunidad Raut decidieron que sólo una virginal muchacha sería capaz de levantar el kalash. Un número de mujeres vírgenes originarias de las comunidades Brahmán, Rajput y Bania intentaron levantar el kalash, pero no pudieron. Al final, una muchacha de la comunidad de Raut vino y lo tocó, y el kalash pudo ser fácilmente levantado y puesto en la parte superior del templo. Una vez más, es obvio que estas historia hace comentarios sobre otros grupos, en este caso particular la supuesta pureza de la casta alta de las mujeres. Esto revela que los Raut no sólo hablan sobre su propia genealogía, sino sobre esos grupos que son más privilegiados que ellos mismos.

 

Escuchando a Komalda decir estas historias me hace darme cuenta de las muchas maneras en las cuales la ‘historia’ es estructurada y redimida. No la historia en el sentido formal del “itihasa”, sino más bien en el sentido puro de la vieja historia –‘Bahut purani bat hai’- en la cual los valores de la gente y sus creencias son vívidamente expuestos. Tenemos aquí un ejemplo de cómo la historia puede ser actuada –no sólo a través de la narración oral, cuyas específicas resonancias en Komalda no se deletrean, pero las cuales, el sugiere a través de golpeteos rítmicos en el tambor y el llanto de la audiencia que es terriblemente interactiva y perceptiva. Permitámonos no olvidar también, que esta ‘historia’ es seguida de trucos acrobáticos, de los cuales, tristemente, no tenemos una descripción. Así que tenemos que imaginarnos el ‘gulach kana’ (volteretas), ‘rasi pe chadhna’ (caminata en la cuerda floja), ‘gol gol ghumna’ (los giros en el poste suspendido en el aire) mostrados por los ‘Mukhbancha Bhats’. Estos registros del pasado son también el entretenimiento de la comunidad. La genealogía oral y la gimnasia comparten el mismo origen.                  

Mientras que las historias de la comunidad de Raut son legendarias, la respuesta a la historia de Punia –una historia vocal colectiva, como Komalda afirma- hace a esto tan claro como si hubiese sido comprendido no sólo dialógicamente, sino críticamente. La genealogía es concebida por la gente no como un mero registro ritual del pasado, todo lo contrario, como una reafirmación del presente. En este sentido, destaca la conciencia políticas que los ‘Chandravanshis’ y los ‘Suryavanshis’ de este mundo aún siguen presentes. La lucha contra la mística ecológica que está construida en la persona mítica de la Luna (Chandra) y el Sol (Surya) al menos en ciertas marcas del pensamiento contemporáneo holístico, hace que estos dioses sean despojados de su santidad. Más críticamente, son mostrados para ser ignorantes de la base alimenticia de las categorías del Rajasthan –‘makka’ (maíz) y ‘jawar’ (sorgo).  

Notas y Referencias

1. Otra variante de esta historia es la  discusión alrededor de ellas que  puede ser leída en Komalda con los participantes en el taller sobre documental folclórico organizado por el Centro Nacional de Apoyo al Folclore, en Jaisalmer, Febrero 2001. Publicado en “Folklife”, Vol. 1, Edición 5 (Abril 2001), páginas 51-2.

2. A. K. Ramanujan, ‘¿Quién necesita del Folclore?’, en la colección de ensayos de A. K. Ramanujan. Editorial Vinay Dharwadher., Nueva Delhi 199, páginas 538-48.

3. Citado por A.K. Ramanujan en ‘¿Quién necesita del Folclore?’, (Ibíd), pág. 539. Elaborado a partir de la posición de Narayana Rao. Ramanujan declara que mientras los Vedas púndicos son aprendidos en Sánscrito, ‘la gramática, la sintaxis y la lógica y la poética’, de su literatura es imbuida en sus cuerpos, de un modo que se adquiere y se transmite enteramente oral. Un hombre letrado es nombrado como ‘kanthastha’, en quien el conocimiento está contenido en su garganta.

4. Ibíd., pág. 540.

5. Mientras ‘sarg’ y ‘pratisarg’ se refieren a los primero y segundos estados de la creación, ‘kalpa’ se refiere al más largo periodo, que consiste en 4320 millones de años. Cada ‘kalpa’ está hecho de 14 ‘manvantaras’, la edad iniciada por Manu o el hombre primitivo. Es en el reino séptimo de Manu que la Gran Inundación (prlaya) acurre –este evento sirve como un marcador del tiempo que separa el periodo de Manu del de los reyes Kshatriya que le siguieron.

                  Una contextualización autoritaria de estos términos dentro de las lecturas cosmológicas y de la historia del tiempo, leer “El tiempo de Romila Thapar como una Metáfora de la Historia: Principios de la India” (Nueva Delhi, 1996), y “La Genealogía como una Fuente de la Historia social, de su libro “Antigua Historia Social de la India: Algunas Interpretaciones” (Hyderabad, 1978)

6. Como la historia de ‘Chida-Chidi’ descrita al principio de este ensayo, la historia ha sido discutida en la sección que queda de este capítulo fue también narrada y abreviada durante el seminario de Jaisalmer, en Febrero 2001. Ver ‘Folklife’, (Ibíd), páginas 49-50, para una mejor comprensión de la rendición del curso de la historia presentada en este capítulo.

7. En ‘Movilidad social en la Antigua India’, (Historia Social de la Antigua India, 1978), Romila Thapar menciona como las primeras dinastías registraron en los ‘Puranas’ y fueron clasificados en dos categorías –los Suryavanshi (Familia del Sol) y los Chandravanshi (Familia de la Luna) ambas trazaron sus ancestros a través del hijo hermafrodita de Manu, el hombre primitivo. ‘Aparte de la simbólica significación de este mito, agrega que, este se convirtió en ‘el prototipo mítico para establecer las reglas genealógicas buscadas por Kshatriya’ (páginas 132-33). Las familias reales Rajput de Rajasthan no fueron la excepción.

**Komal Kothari (1929-2004) Folclorista Hindú que vivió y trabajó en Rajasthan. Realizó contribuciones al estudio de los instrumentos musicales, las tradiciones orales y los títeres. Patrón de Manganiyar y la música Lanfa: fundó el Rupaua Sansthan para estudios posteriores de las tradiciones Rajastanas. Editor.


***El arte tradicional del Pabuji ki phad de los cuenta cuentos en Rajasthan; significa La Pantalla de Pabuji o La Lectura del Pabuji. Pabuji es un héroe del siglo XIV y su actuación consiste en la del cantante que apunta en la escena una hoja de 30 pies de largo con un palo. Su esposa sostiene una linterna. La “Bhopas son las actuaciones comunitarias. Editor.


Extraído del Rustom Bharucha, Rajasthan, Una Historia Oral: Conversaciones con Komal Kothari, Libros Pingüino, Nueva Delhi, 2003.

 

 

* Estudios de Historia Cultural, agradece la amable autorización a Esha Béteille. Gerente Editorial de Social Science Press. 69 Jorg Bagh. New Delhi. 110003. Para la publicacion de Rustom Bharucha. The Past in the Present En Culture History of Modern India by Dilip Menon. p. 65-81. Derechos de autor en tramite.

Imágen: © Fotolia.com. davidevision More.Sunset silhouette of Chhatris by the river in Orchha. para Estudios de Historia Cultural.
Traducción al español de Rolando Rodríguez Guizar. y Jessica Arianne Rodriguez Cabrera






 
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