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ENSAYO
 
 

 

 

Sociedad y ciencia en el México del siglo XIX
Primera Parte

Luz Fernanda Azuela Bernal

 

La forma en que abordo a la ciencia de la historia, es a partir de la idea  de cultura; y uno de los elementos  básicos de mi enfoque, se halla en un concepto que se utiliza muy comúnmente hoy en día: “la tecno ciencia”,  que abarca la actividad científica y  tecnológica para  su aplicación en procesos complejos.

Ya  Gaston Bachelard decía que la tecnología esta basada en  teoremas de los cuales se obtienen  objetos. Esta  indisoluble relación entre la ciencia y la tecnología tiene  su reflexión desde  Revolución Industrial;  y aunque si bien, un enfoque de la historiografía, separó a la ciencia de la tecnología, el  concepto de “tecno ciencia  nos permite abordar los dos elementos  de manera conjunta; proceso  que tiene  sus inicios en el origen del hombre; analizarlo   de esta manera,  nos permite entenderlo desde  el  enfoque de la historia cultural.

Así, todo instrumento  -por ejemplo una espada o una herramienta de trabajo-  contienen saberes  científicos;  el conocimiento de los materiales, los procesos de fundición etc. pero  a la vez de la naturaleza aplicados en una  tecnología; objetos que influyen en la cultura y en la vida cotidiana de la gente. De esta forma el concepto de “tecno ciencia  nos remite por una parte a la comprensión de la naturaleza,  a la  necesidad  del  hombre de entender  su entorno  y a la vez de dominarlo  a través de la técnica, sin olvidar que ello estuvo asociado en el pasado a las representaciones mitológicas en las sociedades tempranas de la humanidad.   Es desde esta perspectiva, que  he abordado el  estudio  de la ciencia; fundamentalmente a partir de la  antropología, la historia y la sociología desde los años sesenta.

 

En el estudio de la historia de la ciencia en México, el primer elemento fundamental para elaborar un análisis, es reconocer que es parte de la tradición occidental; de tal forma, que su origen lo encontramos a partir de la conquista, lo que no significa que los saberes pre-científicos del  México Antiguo no tengan valor, al contrario, al estudiar el establecimiento de la ciencia occidental como parte del proceso de colonización  intelectual, las tradiciones pre-científicas anteriores  a la conquista se amalgaman con este nuevo sistema de conocimientos; ello da la pauta para una nueva relación en la comprensión del mundo y su interacción con él.

 

Un ejemplo de ello se da en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, en donde Bernardino de Sahagún  reúne  a los nobles indígenas para catequizarlos y enseñarles español, pero a su vez, para que le contaran acerca de sus tradiciones, de su medicina su  terapéutica, de su historia  de sus mitos, de sus costumbres etc., que es lo que conforma su libro:  Historia general de las cosas de la Nueva España”. A partir de este trabajo, surge  uno  de los primeros tratados indígenas, que es el “Herbario de la Cruz – Badiano”,  algunos estudiosos  lo consideran como parte de la  ciencia ya mestiza. Sin lugar a dudas, es un obra científica  que posee una singularidad, representa uno de los aportes  de la ciencia de México. 

Y aquí quiero hacer énfasis cuando digo “la ciencia en México”, porque el enfoque que muchos estudiosos le han dado a la ciencia a partir de la llegada de los Europeos,  es desde una perspectiva “euro-centrista”, es decir;  cuál fue la interpretación que se le dio  a la obra de los grandes científicos del viejo continente como Galileo o Newton. Desde una perspectiva analítica,  a mí me interesa  estudiar la ciencia que se generó en México, claro sin dejar a un lado la influencia que provino  de otros países.

Desde esta visión, el estudio del  Herbario de la Cruz – Badiano” es muy interesante, porque es una obra que contiene  por una parte elementos, de   este “proceso de colonización intelectual”, basados en la metodología  de Galeano [1] pero a la vez menciona las técnicas indígenas, las cuales muchas veces coinciden con las europeas. Parafraseando a  Thomas Kuhn,  los indígenas ya habían adoptado los paradigmas de la ciencia galénica.

Y si bien para Alfredo López Austin no existe una coincidencia tan directa entre la terapéutica indígena y la europea, Pablo Escalante nos habla de que una parte importante del conocimiento que hoy en día se aplica,  provino de los conocimientos que aportaron los pueblos indígenas y que al fundirse con la de los europeos a partir del  siglo XVII se transforman  en Mestizos;  por lo tanto, estamos hablando de la conformación de  una nueva cultura que es la que contiene tanto lo conocimientos  de los antiguos mexicanos como de la ciencia occidental.

Rebasaría las intensiones de esta conferencia intentar hacer una historia de la ciencia mexicana, pero si quisiera señalar –aunque en forma breve-  algunos momentos  claves de su desenvolvimiento  que nos han permitido observar su desenvolvimiento.

Si  hacemos un análisis más detenido  del  Herbario de la Cruz – Badiano”, observamos que efectivamente están descritas  prácticas indígenas, y  a la vez el pensamiento científico europeo fundamentalmente  en la terapéutica  galénica, se trata de una amalgama entre los dos saberes.

Este será un factor permanente en las obras que surgen a partir  del siglo XVI.  Sólo basta pensar en los trabajos de las  expediciones científicas ; un siglo por cierto muy interesante por las aportaciones que ofrece el Nuevo Mundo y que cambia la visión de los europeos , -una visión  en el que las creencias  más sólidas  acerca del mundo se vienen abajo.  Estas ideas fueron   desarrolladas por  O’Gorman  en “La invención de América” . Hay un capítulo en esta obra dedicado a la visión geográfica y física que tenían los europeos   previo al descubrimiento de América (cómo lo dividían, cuáles eran las razas humanas  de que tamaño era la “isla de la Tierra”, de que proporción  era el océano etc.), todas estas certezas se vinieron abajo en el siglo XVI.

Este siglo,  representó un gran ascenso del poderío español  y como parte de este ascenso  fue impulsar proyectos de “conocimiento” de las nuevas tierras. En este marco  destaca Francisco Hernández, medico de profesión y excelente naturista  enviado por Felipe II para hacer un registro preciso de todas las plantas medicinales de la Nueva España.  Sólo basta mencionar que a su regreso a España en 1577, -había partido para la Nueva España en 1570-  a   “su Majestad”  le fueron entregadas plantas vivas, simientes, raíces, herbarios, pieles, plumas, animales disecados, minerales, pinturas de animales y vegetales y treinta y ocho volúmenes con textos y dibujos. Hernández quería transcribir toda la información que poseía sobre toda la naturaleza que había estudiado y por ello manifestó su disgusto con la idea real, exclusivamente práctica, de redactar un manual de fármacos.

Pero cuál era  el trasfondo de expediciones cómo la de Francisco Hernández . Utilizar a la ciencia como un mecanismo  para poder “mirar desde lejos a la Nueva España”  y dominarla. Ya desde el siglo XVI ,  hay una relación íntima entre política y ciencia, ello va acompañado con la necesidad de hacer mapas –claro que había que hacerlos para conocer el territorio conquistado- barcos más ligeros, pero a la vez mas resistentes para poder aumentar la carga “de lo que saqueaban” ; y para lograr estos objetivos era necesario que  la comunidad técnico-científica participara.   

Es así como se da un vínculo muy visible entre la “tecno ciencia  y la política; relación que ha estado presente en toda la historia humanidad. Sólo  basta recordar el poder “político” que ejercían los chamanes sobre sus comunidades. Francis Bacon  puso esta idea  en blanco y negro con su celebre frase “el conocimiento es poder”. Así, al estudiar los trabajos como los que realizaron Francisco Hernández y otras expediciones cartográficas y hidrográficas se observa claramente como están realizando una  “tecnoscopía” [2] para Felipe II

El trabajo de cartografía y, por su puesto, también de geografía, -pues no hay que olvidar que las dos disciplinas se complementan, porque en tanto que la cartografía dibuja mapas, la geografía describe lo que ocurre en el espacio, no sólo lo que se refiere a la configuración física, también a la forma en que la sociedad se distribuye, los lugares donde se producen las cosas, los climas, los ecosistemas etcétera-. los mapas serán instrumentos de control. Aquí es donde la palabra “tecnoscopía” encuentra sentido, porque lo que hacía Felipe II era enviar barcos que realizaban un cuidadoso reconocimiento de los lugares a los que llegaban. Se trataba de un “universo móvil” (los barcos) que incluso para transportar animales en las expediciónes se requerían científicos. Ese es el caso del albéitar (veterinario). Éste tenía que saber como alimentar los caballos y detectar a través de sus heces fecales sí se habían enfermado y sí ése era el caso, cómo curarlos para que llegaran a su destino. Y al igual que veterinarios debían cuidarlos animales, los cartógrafos y geógrafos deberían cartografiar América para que Felipe II mirara al mundo desde su trono y lo controlara

Y al llegar a tierra firme el trabajo de los científicos tendrá un papel esencial. ¿Qué son las relaciones geográficas?, son instrumentos que le permitirán al monarca español que esta sentado en el Escorial conocer cómo es la gente del Nuevo Mundo, como esta distribuida, qué produce etcétera . En ese sentido la ciencia será siempre una arma poderosa.

Así para entender la ciencia que se desarrolló después de la caída de Tenochtitlán, tenemos que situarnos en esa realidad y comprenderla; estudiar a mayor profundidad las relaciones de poder, la vida cotidiana, la forma en que la gente pensaba etcétera, porque no era lo mismo hacer ciencia en una colonia española, que en una metrópoli europea, incluso no era los mismo hacer ciencia en la capital de la Nueva España, que en Cali en lo que fue la cabeza de virreinato de la “Gran Colombia” que tiene todo un pasado científico que habría que recuperar.
CONTINUARÁ        



[1] Un Ejemplo son las descripciones entre  el equilibrio de los humores, mediante la fórmulas como
“ ésta planta que es fría es buena para curar esta enfermedad que es caliente no lo es”

[2] Termino que utilizan los  sociólogos de la ciencia. Se trata de un artefacto técnico que sirve no sólo para medir distancias, sino para controlarlas.

 

Este ensayo formó parte de la exposición que se llevó a cabo el 22 de octubre del 2008 dentro del Seminario de Historia Cultural organizado por el "Programa de Estudios de Historia y Difusión Cultural" en el plantel Centro Historico de la UACM.





Luz Fernanda Azuela Bernal es Física por la Facultad de Ciencias, Maestra en Historia y Doctora en Geografía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Es investigadora del Instituto de Geografía de la UNAM e Investigadora Nacional Nivel 2. Ha impartido cursos a nivel licenciatura y posgrado en la UNAM y en el extranjero de temas relacionados con la Historia y la Filosofía de las Ciencias.
Sus investigaciones se han centrado en el estudio histórico de la ciencia y la tecnología en México en los siglos XIX y XX. En el Instituto de Geografía está a cargo de los proyectos “La institucionalización de las ciencias de la Tierra en México en el siglo XIX” y “Geografía e Historia Natural hacia una historia comparada. Estudio a través de Argentina, México, Costa Rica y Paraguay”.
Ha publicado numerosos capítulos de libros y artículos científicos, así como los libros: Tres sociedades científicas en el Porfiriato. Las disciplinas, las instituciones y las relaciones entre la ciencia y el poder (1996); Contracorriente. La historia de la energía nuclear en México (1945-1995) (1999) y De las minas al laboratorio: La demarcación de la geología en la Escuela Nacional de Ingenieros (1795-1895) (2005).
Es miembro de la Comisión Internacional de Historia de las Ciencias Geológicas.






 
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