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ENSAYO
 
 

 

 

¿Hubo pensamiento científico en el contexto prehispánico?
Víctor Manuel Hernández Torres

 

El presente ensayo pretende polemizar sobre lo adecuado del preguntar por la existencia de un pensamiento científico en el hombre prehispánico. Se advierte que no pretendemos aquí presentar una serie de evidencias, en cuanto a datos acumulables respecto a una actividad científica en la cultura y el pensamiento prehispánicos sino realizar una reflexión de estilo filosófico sobre la posibilidad del uso del término ciencia para enunciar un conjunto de actividades realizadas por los sabios del mundo prehispánico.

Es necesario realizar una serie de aclaraciones para plantear la posibilidad de la existencia de un pensamiento científico y una filosofía en el México prehispánico. En primer lugar el pensamiento y la cultura anterior a la irrupción del hispano en lo que vendrá a ser América, se nos presentan como saberes exóticos. Es Ángel María Garibay quien llamó la atención respecto a este problema, es decir, el de la posibilidad de alcanzar la total comprensión de un pensamiento que se presenta con sus propias categorías, ajenas a nuestra formación Occidental. Consideramos, por ejemplo, la lectura y cabal comprensión del Popol Vuh respecto a la lectura de La Ilíada o la Odisea. Un escolar mexicano transitaría, y enunciará sin problema, por los hechos y los nombres de héroes y dioses griegos, pero el sólo enunciar los nombres de los dioses y los héroes del México prehispánico le será problemático. La literatura del México prehispánico, el saber filosófico y teológico, se nos escapan pues manifiestan como saberes exóticos, concebidos en una lengua y pensamiento ajenos a nuestra lengua y pensamiento.

En segundo lugar, enfrentamos saberes exóticos desde términos y metodologías propiamente occidentales. El circunscribir la filosofía o la teología náhuatl en las categorías filosofía y teología nos lleva a un problema similar al que enfrentó el fraile hispano al tratar de comprender un sistema de pensamiento desde sus propias categorías, con obvios equívocos que tal movimiento implicaba, es decir, el de llamar león al ocelote o emperador al huey tlatoani.

En tercer lugar nos enfrentamos a un saber trasvasado. Son Garibay, Kintana y Miguel León-Portilla quienes advertían al investigador los problemas que implica el trasvase. La literatura del mundo prehispánico es una literatura oral, si sobrevivió en forma escrita fue por el esfuerzo del indio latinizado que encontró en la grafía occidental una vía efectiva para conservar la antigua memoria. El fraile, por su parte, también trasvasó el antiguo saber en las grafías latinas, pero su intensión fue más terapéutica, es decir, partía del supuesto de un indio enfermo de idolatría al que debía rescatar. El tratamiento implicaba realizar una sangría en la que se aniquilaría cualquier manifestación del mal. En el tránsito el fraile no pudo evitar la empatía hacía lo que se manifestaba como saber humano, pero el papel del fraile no era el rescate de un antiguo saber sino la evangelización. Lo que sobrevivió es pues aquello que logró escapar del tamiz religioso y lo que el sabio indígena quiso comunicar. Todo trasvase implica una serie de pérdidas, a saber, la que conlleva cualquier traducción interpretación y aquella que ocurre en el tránsito de la oralidad a la grafía. Es necesario realizar algunas aclaraciones, recordemos que la escritura en el México prehispánico es nemotécnica, es decir, se recurre al signo y al color únicamente como guías de sentido o excitadores de la memoria. "Leer un códice" no puede entenderse en el mismo sentido en que un occidental lee un libro, pues la lectura de un códice no es interpretación de una serie de grafías que conforman palabras y enunciados, sino relatar una historia utilizando los signos como refuerzo de la memoria. La lectura en occidente tiene un carácter íntimo respecto al carácter comunitario de la lectura de un códice. El vocablo náhuatl que implicaba la acción de leer un códice es pohua, es decir "contar" o "relatar", acto comunitario en cuanto que ocurre entre el que relata en forma oral a partir de una serie de señales una historia, y el grupo expectante receptor de la historia. En conclusión el trasvase lleva al extravío de la oralidad respecto al signo en el códice. La oralidad sigue su curso y permanece diluida depauperada o enriquecida en la comunidad, mutando de historia sagrada a mera leyenda. El códice sobrevive divorciado de su antiguo sentido, lejos de la oralidad sólo cabe lucubrar sobre el verdadero significado de sus signos y las posibles vías de interpretación.


En cuarto lugar, es necesario replantear nuestra idea de hombre y cultura para poder alcanzar
cierto nivel de comprensión de lo que es el hombre y la cultura prehispánicos. El encuentro del fraile con la cultura prehispánica no se da, como se dijo, a partir de la necesidad desinteresada por conocer al otro sino en la premisa médica de aprehender toda la sintomatología de una enfermedad para erradicarla. La cultura del mundo prehispánico a ojos del evangelizador es un producto diabólico. Es de inicio mala. La idea de hombre del mundo prehispánico es también anulada ante la irrupción de la idea del hombre cristiano. Occidente se presenta como donador de humanidad. Cabe preguntar ¿cuál es nuestra idea de hombre y nuestra idea de cultura desde las que partimos para analizar una realidad exótica? ¿Tendremos prejuicios similares al del fraile hispano que nos llevarán a calificar un hallazgo como poco ortodoxo sólo porque no acomoda a nuestra idea de hombre y cultura?

Puestos sobre aviso sólo queda advertir respecto de la perspectiva en la cual nos ubicaremos para el análisis del tópico que nos ocupa. Partimos de la siguiente premisa: cualquier investigación sobre el antiguo saber prehispánico es una invención

Ante el evidente desconcierto generado por la premisa guía justificamos. Miguel León-Portilla es el primero en calificar su propio trabajo y concretamente el que demuestra la existencia de un saber filosófico en los antiguos nahuas como una invención. El término invención es un préstamo de Edmundo O'Gorman sin el cual tendríamos serios problemas al enfrentar tópicos como una literatura, una ética, una filosofía o una teología prehispánicas.

El término invención no es tomado aquí en su acepción actual de fabulación sino en la original. Invenio es un vocablo latino que significa descubrimiento. Es propuesto por Edmundo O´Gorman para el análisis de América como problema. Inventar una filosofía prehispánica significa enfrentar una realidad exótica desde unas categorías propias u occidentales, en el proceso se hace patente la evidente extranjería del mexicano o el latinoamericano respecto a su propia historia, su historia cultural y la historia de las ideas. Inventar el pasado prehispánico significa descubrirlo con un aura de sentido. Inventar significa también descubrirse en cuanto sujeto que puede contemplar su historia desde dos orillas o espejos, esta es la tesis de Miguel León-Portilla: por un lado me descubro como occidental y por el otro revaloro apropiándome de aquello que era exótico a pesar de la coterraneidad sólo por su diferencia respecto a la matriz cultural de occidente.

Es necesario desarrollar, al menos sucintamente, la tesis de Edmundo O'Gorman antes de continuar con cualquier planteamiento. Los grandes nombres con los que enunciamos a todo aquello que se circunscribe en, por ejemplo, la cultura, la religión, la filosofía, la ciencia, proceden de una tradición y fueron concebidos originalmente para nombrar una realidad que poseía una extensión menor respecto a la que actualmente poseen. Los términos polis, cosmos, y hombre se referían a una realidad propiamente griega. En el primer caso a la vida perfectamente organizada en sociedad algo de lo que carecían los bárbaros en el segundo a la naturaleza conocida por el griego, y en el último caso al griego propiamente dicho con exclusión del esclavo y del bárbaro. La propuesta de O´Gorman sostiene la lenta evolución de los términos que, con el descubrimiento de América vino a acelerarse para significar una realidad más amplia. Observemos la evolución de la noción hombre desde Occidente como matriz cultural: originalmente refiere al griego, al contacto con el cristianismo muta en persona es decir aquello que deviene de la persona divina y que en cuanto persona humana posee una dignidad, voluntad y libertad naturales. El descubrimiento de América implica un problema profundo en cuanto que la noción en la que se circunscribe únicamente al cristiano tiene que ampliarse para incluir al indio. Recordemos que la filosofía española adquiere un nuevo carácter en América gracias al primer regateo de la humanidad del indio. Lo que ocurre con el resto de los grandes nombres de Occidente es similar, se da con un penoso regateo,[1] es el caso de las literaturas indígenas. El propio Ángel María Garibay dudaba en 1940 respecto a si era del todo apropiado llamar a la antigua oralidad indígena literatura pues literatura viene de la letra y los antiguos habitantes de América fueron ágrafos o carentes de letras.[2] Es el caso del regateo respecto a si es apropiado llamar filosofía a las máximas morales, las ideas teológicas y las ideas sobre la existencia humana en la tierra del hombre indígena. Regateo que hace aparecer cualquier discusión o afirmación de la existencia de una filosofía prehispánica, a los ojos de buena parte de los estudiantes de filosofía en México, como una pérdida de tiempo.


El interesado puede encontrar, en forma sucinta, la propuesta de Miguel León-Portilla en el ensayo "El pensamiento Prehispánico", aparecido en 1963, en Estudios de Historia de la Filosofía en México. El artículo en cuestión es importante pues León-Portilla hará una revisión crítica de la temática y dará una respuesta a la objeciones que, una vez presentado el trabajo doctoral, aparecieron rechazando la existencia de una filosofía en el mundo prehispánico, o la trascendencia, para la filosofía y la Historia de la Filosofía en general, de estudios sobre el supuesto filosófico prehispánico. El trabajo, seguramente, estará dirigido en especial a Francisco Larroyo quien en un artículo aparecido en 1961,[3] califica la pregunta sobre una filosofía anterior a la llegada del hispano y cualquier trabajo sobre la probemática de intrascendentes y hasta ociosos. Aunque Francisco Larroyo no niega la existencia de una filosofía prehispánica, considera que en nada contribuye a la filosofía a ocuparse de la temática.[4] Entre las objeciones al proyecto de León-Portilla se encuentran: el uso de un concepto propio de la realidad occidental, como es el término filosofía, para adecuarlo a una realidad distinta, la imposibilidad de un cabal entendiemiento del pensamiento indígena prehispánico, dado su existismo respecto de las fuentes suficientes donde explicitamente aparezca, en forma general una noción, sinónima por su naturaleza, respecto al concepto filosofía en Occidente, la contaminación de las fuentes escritas, en los casos donde éstas sean de procedencia colonial.

Uno de los juicios generados a partir de la presentación de la filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, fue la imposibilidad de conocer plenamente al pensamiento indígena prehispánico dada la distancia temporal y cultural entre el investigador y el hombre prehispánico. Recordemos, el problema ya había sido enunciado por Ángel María Garibay,[5] quien calificaba respecto al moderno investigador mexicano, el antiguo saber de los pueblos indígenas. El exotismo no refiere a los años de distancia entre el hombre prehispánico y el investigador sino a la formación cultural de cada uno. Para Garibay y Kintana, un clásico griego es culturalmente más cercano al moderno investigador que un poeta del antiguo Anáhuac. Hace falta un vedadero ejercicio intelectual, y como tal estará acompañado de cierta artificialidad, para tener un acercamiento con la antigua sensibilidad del hombre prehispánico pues nuestros módulos de pensamiento son radicalmente distintos. León-Portilla no difiere de tal punto de vista, pues su trabajo se ha fundado tomando como principio la imposibilidad de una cabal comprensión del antiguo saber del mismo modo que resulta imposible la cabal compresión de un filósofo griego cuando se está igual de distante en tiempo y en cultura. Quedará entonces un ejercicio intelectual, una dialéctica interna que llevará a la interpretación de los documentos desde las propias herramientas, y en ese proceso habrá algo de invención.[6] Es imposible que el investigador se desprenda de los propios módulos de pensamiento. Todo análisis se llevará cabo desde los conceptos y categorías asimilados durante la formación vital-escolar. La filosofía prehispánica es una invención histórica pues toda investigación al respecto partirá desde las propias categorías: lenguaje, pensamiento, metodología, termonología específica. La invención consistirá exactamente en eso, en el giro dado a los conceptos de Occidente. Los cuales aparcen restringidos cuando se pretende hablar de nociones que, de manera general, comparten sus características esenciales, pero que han ocurrido temporal, geográficamente y culturalmente en ámbitos distintos.[7]

Cuando el investigador es objetado sobre el uso del término filosofía para enunciar una realidad no circunscrita a la noción tradicional, y cuando se anuncia la imposibilidad de una total comprensión del penamiento prehispánico pues el investigador está formado en categorías occidentales distintas, se hará hincapié en que el conflicto que el término es el mismo que nos llevaría a cuestionar la aplicación de los conceptos, también Occidentales, como arte, historia, literatura, religión, sociedad, cultura, para agrupar dentro de estos a nociones fuera de Occidente; las cuales, de manera general, reúnen las características de los que, en occidente, aparece enunciado por tales términos. No se puede cuestionar el papel de Occidente en la interpretación de las realidades (distintas pero humanas al fin) aparecidas durante toda su historia de descubrimientos, contactos y apropiaciones. Es Occidente el primero en hacer una lectura de esas nuevas realidades a partir de sus propias categorías; también es quien inventará ciencias y termonologías para lograr comprender esa realidad. Tal movimieno generado en Occidente lo llevará gradualmente a su transformación en Cultura Universal. Su universalidad, sin duda, estará caracterizada por la universalización misma de los conceptos y categorias utilizados primeramente para describir la propia realidad. Los conceptos desembarazados de su circunstancia original, aparecerán con connotaciones más amplias que describirán las nuevas realidades aparecidas en los sucesivos contactos de Occidente con otros pueblos. La aplicación de tales términos en ocasiones será de un modo arbitario pues no existirá el total entendimiento de la otra realidad o, simplemente, por comodidad se forzará a lo otro a entrar en las categorias y conceptos habituales.

 

 

El estudio de la filosofía del mundo prehispánico es, como se dijo, una invención, pues los módulos de pensamiento desde los cuales el investigador hace su lectura son distintos a los módulos en que, originalmente, el hombre indígena expresó su preocupación por el mundo. Tal invención se funda en la utilización de las herramientas concebidas en Occidente. Las herramientas son los conceptos y categorias como religión, arte, hombre, razón, cultura, historia, filosofía; mismas que alcanzarán una significación más amplia; hasta el uso de la filología y la investigación científica para alcanzar cuando no la cabal comprensión de esa forma de pensamiento, por lo menos, la presentación objetiva de los elementos que integran tal pensamiento.

El término invensión, como se dijo, no connota lo que en lenguaje coloquial sería una fabulación o la mera elaboración de algo a partir de una aparente nada. Se tomará el término en su sentido original, del verbo invenio "descubir", "concebir". Significado la acción de reformular un pensamiento filosófico prehispánico, que es un descubrimiento y una concepción en cuanto a que se partirá del análisis de un pensamiento fragmentado y una terminología, usando los conceptos universales de Occidente y los, también occidentales instrumentos doxográficos-filológicos.

Si el trabajo de Miguel León-Portilla puede parecer, al lector distraído, un conjunto de acotaciones o fragmentos de poesía, no olvidemos que su investigación, desde origen, plantea la necesidad de presentar los elementos escritos suficientes para integrar un corpus de la filosofía en el mundo prehispánico. La preocupación vital de Miguel León-Portilla, y la del padre Garibay, es la representación de las fuentes en una circunstancia donde no existía investigación al respecto. A las nuevas generaciones de lectores curiosos les corresponde llevar al cabo la consecueción de la invención. El planteamiento de Miguel León-Portilla no es descabellado, en primer lugar en una vida no nos bastaría para el total análisis de las fuentes documentales, en ese sentido la labor de León-Portilla y Garibay es comenzar a hordar el camino por el cual transitarán las nuevas generaciones preocupadas por la temática.
Por otro lado, León-Portilla tiene una formación filosófica que el lector distrído ha ignorado, Cuando León-Portilla califica la filosofía prehispánica como una invención
en la lectura de Aristoteles hecha por Tomás de Aquino o Werner Jaeger, pues, en los casos enunciados, la lectura se hace en circusntancias histórico-culturales distintas, los módulos de pensamiento de los lectores son distintos, la perspectiva también los es.[8]

Consideremos en el primer caso que la lectura es hecha por un cristiano medieval y en el segundo por un alemán con todas las ventajas de la investigación filológica moderna. El rostro de Aristoteles diferirá del original sólo para el lector griego contemporáneo al estagirita.

 

La invitación es tomar los elementos del pensamiento prehispánico como un pretexto para pensar, de tal ejercicio, ha de salir cuando menos inspiración para filosofar. La invención ha de ser tenida, en este caso, como la generación -o regeneración- a partir de las ideas filosóficas del hombre prehispánico, de una filosofía original. Entendiendo que la originalidad de ésta vendrá de la interpretación, desde los módulos del penamiento occidental, de un conjunto de ideas originales.

Asistimos aquí a un momento similar al del doxógrafo frente a los fragmentos de algún filósofo presocrático. La labor paleontológica o arqueológica. Cualquier estudiante promedio de filosofía sabe que buena parte de nuestro conocimiento sobre los filósofos griegos, que no dejaron obra escrita o cuyo trabajo sucumbió ante la incuría del tiempo, proceden de la interpretación-invención de fragmentos venidos de primera mano, en el mejor de los casos, o de comentarios o acotaciones realizadas por algunos filósofos que les sucedieron en el tiempo. En el último caso el doxógrafo ha trabajado con pequeñas citas donde se da cuenta de doctrinas o ideas que sólo se conocierons de oídas. Con esos fragmentos se han integrado el saber, ahora común, sobre las doctrinas de los filósofos presocráticos y algunos sofistas. En el caso de Parménides, se ha tomado como pretexto para la reflexión un fragmento de un poema; en el caso de Heráclito la invensión se ha hecho a partr de once fragmentos de su pensamiento. Lo aportes de H. Diels, W Krans, J.E. Raven, G. S Kirk y Rodolfo Mondoldo, respecto de los pensamientos presocráticos, podrían calificarse de invensión en el mismo sentido que Miguel León-Portilla califica al estudios de la filosfía del mundo prehispánico. Para fortuna del investigador, tenemos, en el caso náhuatl, una rica fuente de información pues el pensamiento prehispánico, aunque fragmentario, cuenta con una amplia documentación, es decir, aquí no tenemos que habérmosla con once fragmentos.

 

La esperanza del padre Garibay, recordemos, era integrar en algún momento un corpus filosófico prehispánico donde se localizaran las ideas y doctrinas principales, integradas a los nombres o escuelas que las generaron o practicaron. Tal labor, sin duda, apenas inicia. La tarea de Ángel María Garibay y Miguel León-Portilla ha sido presentar la documentación suficiente, en indicar el camino por el cual transitarán esos trabajos presagiados por el padre Ángel María Garibay.

Nuestro cometido inicial es polemizar sobre la pertinencia de la pregunta por un pensamiento científico en el mundo prehispánico. Antes de cualquier afirmación al respecto es necesario el análisis de la noción de cultura para, de ahí derivar en la noción de ciencia. Se aclara que con esto, también se derivará en una reflexión sobre la noción hombre aportada en México.

A poco de cuestionar sobre el significado de la noción cultura, nos percatamos que entra dentro de la categoría de cosas de las que todo el mundo habla pero lo es difícil precisar qué son. Estamos frente a un término equívoco y heterónono del que han derivado disciplinas como las Historia de la Cultura y la Filosfía de la Cultura para su cabal comprensión. En la circunstancia mexicana ha sido objeto central de la reflexión al menos durante la primera mitad del siglo XX.[9] Pero ¿por qué desviarnos hacia el problema de la cultura si nuestro cometido es plantear la posibilidad de una ciencia en el mundo prehispánico? Entendemos perfectamente el desconcierto de quien sigue estas líneas pero es necesario presentar, al menos sucintamente, el sosten –en este caso la cultura- de cualquier noción o parcialidad- en este caso la ciencia y la filosofía- sustentada en una realidad que se presenta como matriz o arquetipo.

El término cultura, cultus, originalmente refiere a la actividad agrícola y al estado de un campo cultivado. Implica una acción o cuidado y el esfuerzo constante de la actividad agrícola. En el plano religioso refería al culto o cuidado del individuo respecto a las cuestiones divinas y en el plano meramente humano al trabajo y ciudado o desarrollo del espíritu. Los griegos presentaban al cultivo del espíritu como un correlato del cultivo de la tierra, es decir el hombre inculto es como un campo si cultivar, al descuido y en abandono. El hombre culto es quien se considera a sí mismo un campo de cultivo, con las responsabilidades que la actividad implica. No se es culto sólo por una vez sino por el cultivo y trabajos reiterados. El hombre se presenta como un proyecto, jamás como algo terminado. Ante la pregunta del por qué remitirnos sólo a la etimología de un término para tratar un tema complejo, argumentamos que es la misma extensión, complejidad y heteronomía de una noción la que nos remite al origen mismo para tener algo de claridad. El consejo lo hemos tomado de José Luis Araguren quien, para el caso de la ética ha sugerido el análisis de la raíz misma del término antes de extraviarse en la complejidad de los distintos significados en escuelas o pensadores. Se parte también de la recomendación platónica respecto de la actividad del filósofo que tiene el deber de reiterar el verdadero significado o sentido de los términos para que no reuna la arbitrariedad y la anarquía. Los nombres de las cosas mismas independientemente de la lengua en que se expresen.


Es español, cultura ha venido a significar tanto el desarrollo del espíritu, como el resultado material de tal desarrollo. Al parecer lo que ha conformado la noción de cultura en Hispanoamérica son las apropiaciones realizadas por nuestros filósofos del siglo XVIII al siglo XX, es decir la lectura de la propia circunstancia a partir del pensamiento francés y alemán. En el primer caso los intelectuales han tomado cultura y civilización como sinónimos (influencia francesa). Se habla del grado de cultura de un pueblo a partir de la organización política o la vida civil y, a partir de la producción material. El ideal del siglo XVIII es el del hombre que ha logrado dominar la naturaleza, Tal lectura llevó a nuestros intelectuales a considerar la observaciones de los naturalistas Buffon y de Pau como certezas.[10] Esto es la plasmación real de Occidente en la Angloamérica, donde el hombre valiéndose de la ciencia y la técnica transforma el medio que le rodea y tiene abundancia material. El criollo y el mestizo de la Iberoamérica es un ser contaminado de la timidez del indio, un cuasi hombre que no tiene más arrestos que los de la animalidad (comer, dormir y procrear). El indio en cuanto a pasado y presente aparece como una criatura que lo ha contaminado todo, un ser de la naturaleza que no ha sabido dominarla y por tanto aparece como inculto e incivilizado. Tal lectura la podemos encontrar en el Facundo o civilización y barbarie del argentino Domigo Fausto Sarmiento y en la polítia y filosofía mexicanas, al menos hasta Samuel Ramos, quien considera al indio como una masa pasiva y saliente, repetidora de formas anquilosadas, incapaz de crear arte o filosofía pues su espíritu manifiesta una tremenda pesantez.[11] Por su parte, los liberales mexicanos del siglo XIX exaltan el mito del mestizo como el ideal de los propiamente mexicano, pues es el hibrido de la fortaleza indígena con el ingenio que le facilita su inclusión en el nuevo ideal de la ciencia y la técnica (propias del criollo).[12] Es de hacer notar que el indio aparece como un ser resistente pero con rudeza de ingenio. La solución , el exterminio de los indios en dos sentidos: uno aniquilándolos en sentido real, promoviendo la migración europa (el proyecto de Domingo Fautino Sarmiento), el otro promoviendo la total asimilación del indio en el proyecto criollo (el programa de Samuel Ramos) con la consecuente desaparición de su lengua y tradiciones.

El segundo caso, el de la apropiación del pensamientpo alemán para constituir la noción de cultura, se localiza en el siglo XX con la influencia de Ortega y Gasset y la plasmación de la escuela alemana (Husserl y Heideger) llevada a cabo por los filósofos transterrados de América. La cultura se presenta como una cuestión del espíritu Kultur (Cultura) que es hecha nuestra por la asimilación Bildung (Formación). Es importante indicar respecto a la filiación teutona de los maestros españoles que su incorporación ocurre en un momento medular en la Historia de la Filosofía en México, a saber el del rechazo hacia el positivismo y una lectura cientista y psicologista de la realidad. La invitación de los filósofos del Ateneo (Antonio Caso y José Vasconcelos) es una vuelta a los espiritualidad. Un retorno a los valores del cristianismo, necesarios en una época de acomodo político. La ciencia en cuanto conocimiento de la naturaleza, es decir en su sentido factico, no se tomará como la única opinión autorizada respecto a la existencia humana, sino sólo como complemento del verdadero fundamento humano, es decir, lo espiritual. El momento es pues propicio, pues la femenología del Husserl se presentaba como un rechazo hacia una falsa idea de la ciencia que hacía hincapié unicamente en los experimentable y medible a desprecio de la filosofía,. La filosofía de la cultura de Spengler establecía un juicio de las nociones cultura y civilización en Occidente, donde era evidente el extravío del puntal espiritual. En Spengler la civilización en cuanto desarrollo material y técnico es la última etapa de una cultura, es decir, cuando un pueblo concentra todo su interés en los aspectos materiales a descuido del desarrollo espiritual se encuentra en un estado ágonico, es una cultural envejecida donde lo cultural existe únicamente como adjetivo. El momento de lo prehispánico como objeto de estudio no podría ser más propicio. Con la influencia renovadora del filósofo trasterrado se ponía entredicho el ideal del hombre técnico dominador de la naturaleza (que tantos estragos causó en la contemplación de los indios). Es José Gaos quien sugiere al hablar de las categorías de la Historia de la Filosofía en México, que la inicial debe ser un saber filosófico anterior a la implantación de la filosofía occidental. La invitación de Gaos iba más allá al proponer como segunda categoría la del estudio de las posibles influencias de un pensamiento pehispánico en la filosofía posterior a la conquista.[13] La tesis doctoral de Miguel León-Portilla cobra sentido cuando se le contempla engarzada en la propuesta de José Gaos, a saber la de una existencia real de filosofía anterior a la conquista y la filosofías ocurridas en lenguas indígenas (demostrables gracias a la tesis de filosofía en lengua española).

Ahora bien ¿es posible poponer una categorías como las de José Gaos para el estudio de la Historia de la Ciencia en México? La respuesta sale de los límites de un ensayo divulgativo como el presente. Consideremos antes la noción de la ciencia desde la que se partirá para una posible respuesta. El recurso de Aranguren, es decir el de retomar a la etimología para encontrar algo de luz ante el término que no se presenta en nuestros días en total univocidad es necesario.

 

Antes de hacer revisión de la noción ciencia repasemos el problema de la filosofía prehispánica. La pregunta por la existencia de una filosofía en el mundo prehispánico es formulada por Samuel Ramos, el análisis de las evidencias y la noción misma de la filosofía, lo llevará a responder que no existió filosofía ni ciencia en el mundo prehispánico, pues la documentación sólo hace patente un pensamiento mágico, una respuesta mítica al problema del mundo y de la existencia, además de que la razón no posee el mismo rango en Occidente, es decir el de fundamento de todo conocimiento científico.[14] La noción de Samuel Ramos se apega a una visión tradicional de la Historia de la Filosofía, esto es, aquella que plantea el surgimiento del pensamiento filosófico y científico sólo en el contexto griego. La filosofía viene a ser en el momento en que las respuestas del mito son insuficientes y ocurre el tránsito necesario hacia el logos. Sostener la existencia de una filosofía prehispánica es un absurdo para Samuel Ramos. La filosofía viene a ser cuando Occidente se presenta como donador de la humanidad.

Ahora bien. ¿existió realmente filosofía y ciencia en el mundo prehispánico?
La respuesta se complica pues quien plantea la pregunta tendrá que analizar concienzudamente sus propias nociones de cultura, filosofía y ciencia. Recordemos la idea de invención de Edmundo O´Gorman, los términos que se presentaban, en el origen, reducidos a una pequeña realidad se amplían para incluir aquello que aparecía como ajeno. Esto llevará naturalmente a una crisis en la que es necesario reformular la historia de un concepto y su significado mismo, labor peligrosa si nos movemos sólo dentro de los márgenes de lo académico. Para el caso de la filosofía en el contexto prehispánico Bernabé Navarro proponía dos salidas. Una, la fácil, consiste en afirmar sin más que la filosofía vino a ser en el siglo XVI con la implantación de la escolástica de cuño español. Aquí el investigador se moverá con total soltura dentro de los márgenes de una tradición y los del rigor académico y científico. La otra, es un camino difícil, pues implica ampliar la noción de filosofía a riesgo de salirse de los límites de la tradicón. El punto de vista de quien responda afirmativamente saldrá de los margenes griegos y occidentales para considerar a la filosofía como "ese saber supremo, íntimo y consciente por medio del cual todas las grandes culturas –Egipto, Babilonia, India, Judea, México, etcétera- se han esforzado en comprender y explicar la forma del mundo, el origen de las cosas, la necesidad de un ser supremo, la bases de la conducta humana etc."[15]

Camino dífícil sin duda cuando lo que se plantea es incluir dentro de la filosofía las respuestas míticas y religiosas además del arte y la magia como una forma de conocimiento.

Lo anterior nos lleva a proponer para el caso de la pregunta por una conciencia en el mundo prehispánico las dos vías de Bernabé Navarro. La respuesta será afimativa o negativa, fácil o difícil de acuerdo al punto de vista en que nos ubiquemos. La salida fácil consiste en afirmar junto a Samuel Ramos que no existió conocimiento científico en el contexto prehispánico, pues todo saber se fundaba en lo mítico y religioso. El camino díficil consiste en presentar la ciencia en una acepción más amplia, a riesgo de ser considerado, en el mejor de los casos, un heterodoxo.

Se propuso líneas ariba la revisión del término ciencia para encontrar alguna luz. Ciencia significa originalmente saber, scientia, sentido que aparece ligado a la cultura en cuanto actividad superior es espiteme. De origen es todo conocimiento de rango superior. Aquí se incluyen tanto las cosmologías como la filosofía en cuanto al arte del buen vivir. Ahora bien recordemos que los grandes nombres de Occidente tienen una tradición y un lento movimiento extensivo. Lo que refiere originalmente a un conocimiento de rango superior muta en un cuerpo sistemático del saber, en un conocimiento racional sobre el mundo material o la naturaleza, excluyendo el arte, la religión y la filosofía.

Para concluir reiteramos la pregunta por la existencia de un conocimiento científico en el contexto prehispánico.¿Es posible hablar de ciencia en una circunstancia en la que el mito ocupa un rango superior? El camino díficil de la respuesta afirmativa implica un retorno al sentido original del término, con todos los riesgos que implica el punto de vista.

Este artículo formó parte de la exposición que se llevo a cabo, dentro del Seminario de Historia Cultural organizado por El Programa de Estudios de Historia y Difusión Cultural en el Plantel Centro Histórico de la UACM el dia 8 de Octubre de 2008.

BIBLIOGARFIA

GAOS José. En torno a la filosofía mexicana. México Aliaza Editorial Mexicana 1980

Garibay Kintana, Ángel María. Llave del Náhuatl, Primera Edición Otumba 1940. Primera Edición en "Sepan Cuantos" 1999, México Porrúa 2001

________Poesía Indígena del Altiplanicie, Primera Edición en la colección Biblioteca del estudiante universitario, México UNAM 1940.

________Épica Náhuatl, Primera Edición en la biblioteca del estudiante universitario, México UNAM 1945

________Historia de la literatura Náhuatl, segunda Parte: Vida Autónoma (1430-1521) Primera edición en la Biblioteca Porrúa, México Porrúa 1954

León Portilla Miguel. La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, México UNAM 1983

________"El Pensamiento prehispánico"(ensayo) en estudios de la Filosofía en México, México UNAM 1985

_________El destino de la palabra. De oralidad y los códices mesoamericanos a la escritura alfabética, México, El Colegio Nacional-Fondo de Cultura Económica 1996

Navarro Bernabé, Cultura mexicana moderna en el siglo XVIII, México UNAM. 1983

O´Gorman Edmundo. La invención de América, El universalismo de la cultura de Occidente, México Fondo de Cultura Económica, 1958

Ramos Samuel, Historia de la Filosofía en México (en obras completas II) México UNAM 1976

___________El perfil del hombre y la cultura en México, Espasa Calpe Mexicana 1976

Villoro Luis. Los grandes momentos del indigenismo en México, México El Colegio Nacional. Fondo de Cultura Económica

Zea Leopoldo. El Occidente y la ciencia de México, México Porrua y Obregón 1953


[4] El artículo de Francisco Larroyo al parecer, iba originalmente dirigido a las generaciones de recién ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras, las cuales serían presa fácil de un, e declive, "furor nacionalista" que acabaría desviando los talentos hacia "una actividad inútil"

[5] Cfr. Ángel María Garibay. Historia de la Literatura Náhuatl, segunda parte: el trauma de la conquista (1521-1750)

[6] Miguel León-Portilla tomará, como se dijo el concepto invención

[7] Cfr. Miguel León-Portilla "El Pensamiento prehispánico", en estudios de las filosofía en México.

[8] Miguel León Portilla. "El pensamiento prehispánico", en estudios de historia de la filosofía en México p. 18

[9] Al respecto confróntese la polémica sobre la cultura en México del Ateneo de la Juventud (1908) al grupo Hiparión (1948-1953)

[10] Cfr. Leopoldo Zea Op. cit.

[11] Cfr. Samuel Ramos. El perfil del hombre y la cultura en México

[12] Cfr. Luis Villoro. Los grandes momentos del indigenismo en México

[13] Cfr. José Gaos. En torno a la filosofía mexicana.

[14] Cfr. Samuel Ramos. "¿Hubo filosofía entre los antiguos mexicanos?" en Historia de la filosofía en México.

[15] Bernabé Navarro. Cultura mexicana en el siglo XVIII. P 11

[1] La noción "regateo" la he tomado de Leopoldo Zea en su momento Hiperión. Al respecto confróntese Leopoldo Zea. El Occidente y la conciencia en México

[2] Cfr. Ángel María Garibay Poesía indígena del Altiplanicie.

[3] Francisco Larroyo. "¿Hubo filosofía entre los pueblos precortesianos? Ideas para replanteamiento de la cuestión

 




 


 
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